ABORTO Y MUERTE
PERINATAL

“Cuando la vida y la muerte se mezclan, todo nuestro mundo asumido se rompe”.

ABORTO Y MUERTE
PERINATAL

“Cuando la vida y la muerte se mezclan, todo nuestro mundo asumido se rompe”.

Indiferentemente del momento y de la edad gestacional de nuestro bebé, la muerte intrauterina y neonatal es la vivencia más complicada por la que puede pasar una persona en la vida.

Duele la vida, duele el pasado, duele el presente y duele el futuro. La sensación de “vacío” toca todos los aspectos de la persona, física y emocionalmente.

¿Cuántos duelos entran en un duelo perinatal?, sería imposible de responder porque hay demasiado entrelazado, unido y conectado.

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DUELO PERINATAL

Hay que entender el duelo como un trabajo, con diferentes tareas que se van desarrollando de un modo activo para favorecer que ocurra sin complicaciones.

Cuando una familia entra en el proceso de duelo por la pérdida de un hijo (en gestación o durante las primeras semanas de vida del bebé), se encuentra con muchos obstáculos para vivir su dolor y su tristeza.

  • El silencio y la desautorización constante del entorno, lo transforman en un dolor solitario. Sin embargo, sabemos que lo que hace falta en un momento tan difícil, para poder colocarlo y darle un poco de forma es todo lo contrario, es poder apoyarnos en nuestros seres queridos, poder contar lo ocurrido mil veces y poder validar todas esas emociones sentidas.
  • Inesperado, una mujer gestando no se plantea que su bebé pueda morir, sobre todo a partir de la semana doce. Eso lo convierte en traumático, no es predecible, no te puedes preparar para algo así. Y a partir de ahí, todo lo que creías dado por hecho en tu mundo interno, se rompe y ya nada encaja como antes.
  • El shock de la noticia, la carga emocional y el momento vital de extrema transparencia psíquica, hacen que determinados fragmentos queden grabados de una forma muy intensa, y otros se pierdan por la dificultad de mantener la concentración y por la intensidad del momento.

En este momento van a quedar grabados algunos “mensajes enmarcadores” (como dice Navarro Góngora), como “feto cruz”, “no compatible con la vida”, que van a hacer que los padres solo quieran huir de la experiencia con mucho miedo y dolor.

  • La culpa siempre acompaña a los duelos, el no poder hacer nada nos lleva a tratar de buscar “falsamente” aspectos en los que lo pudimos hacer mejor o no hicimos lo suficiente. Dado que la madre es el lugar de sostén físico y emocional, puede aparecer esa sensación de responsabilidad de lo ocurrido, A medida que se transita el duelo, la culpa va dejando paso al dolor.
  • La identidad, ¿quién soy ahora?, soy madre porque he sido madre de mi bebé gestado, pero no se me reconoce como madre por no tener un hijo con vida. Hay que reconocerse de nuevo, saberse madre de otro modo, pero madre también, e ir transformando el dolor para que esos bebés puedan formar parte de la vida y de la familia.

Partimos de un vacío insoportable, de un hueco en el que no nos sentimos, pero durante el duelo, donde todo está roto, cuando se empieza a rearmar la vida, todo  se transforma y se reconstruye, y podemos conectar con nuestro bebé  cada vez más desde el amor y menos desde el dolor de la experiencia traumática.

Indiferentemente del momento y de la edad gestacional de nuestro bebé, la muerte intrauterina y neonatal es la vivencia más complicada por la que puede pasar una persona en la vida.

Duele la vida, duele el pasado, duele el presente y duele el futuro. La sensación de “vacío” toca todos los aspectos de la persona, física y emocionalmente.

¿Cuántos duelos entran en un duelo perinatal?, sería imposible de responder porque hay demasiado entrelazado, unido y conectado.

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DUELO PERINATAL

Hay que entender el duelo como un trabajo, con diferentes tareas que se van desarrollando de un modo activo para favorecer que ocurra sin complicaciones.

Cuando una familia entra en el proceso de duelo por la pérdida de un hijo (en gestación o durante las primeras semanas de vida del bebé), se encuentra con muchos obstáculos para vivir su dolor y su tristeza.

  • El silencio y la desautorización constante del entorno, lo transforman en un dolor solitario. Sin embargo, sabemos que lo que hace falta en un momento tan difícil, para poder colocarlo y darle un poco de forma es todo lo contrario, es poder apoyarnos en nuestros seres queridos, poder contar lo ocurrido mil veces y poder validar todas esas emociones sentidas.
  • Inesperado, una mujer gestando no se plantea que su bebé pueda morir, sobre todo a partir de la semana doce. Eso lo convierte en traumático, no es predecible, no te puedes preparar para algo así. Y a partir de ahí, todo lo que creías dado por hecho en tu mundo interno, se rompe y ya nada encaja como antes.
  • El shock de la noticia, la carga emocional y el momento vital de extrema transparencia psíquica, hacen que determinados fragmentos queden grabados de una forma muy intensa, y otros se pierdan por la dificultad de mantener la concentración y por la intensidad del momento.

En este momento van a quedar grabados algunos “mensajes enmarcadores” (como dice Navarro Góngora), como “feto cruz”, “no compatible con la vida”, que van a hacer que los padres solo quieran huir de la experiencia con mucho miedo y dolor.

  • La culpa siempre acompaña a los duelos, el no poder hacer nada nos lleva a tratar de buscar “falsamente” aspectos en los que lo pudimos hacer mejor o no hicimos lo suficiente. Dado que la madre es el lugar de sostén físico y emocional, puede aparecer esa sensación de responsabilidad de lo ocurrido, A medida que se transita el duelo, la culpa va dejando paso al dolor.
  • La identidad, ¿quién soy ahora?, soy madre porque he sido madre de mi bebé gestado, pero no se me reconoce como madre por no tener un hijo con vida. Hay que reconocerse de nuevo, saberse madre de otro modo, pero madre también, e ir transformando el dolor para que esos bebés puedan formar parte de la vida y de la familia.

Partimos de un vacío insoportable, de un hueco en el que no nos sentimos, pero durante el duelo, donde todo está roto, cuando se empieza a rearmar la vida, todo  se transforma y se reconstruye, y podemos conectar con nuestro bebé  cada vez más desde el amor y menos desde el dolor de la experiencia traumática.