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PARTO

El parto es una experiencia clave en la vida de la mujer debido a su complejidad y a la carga emocional. La memoria emocional del proceso queda grabada en el cuerpo para siempre.

PARIR ES NATURAL

En un parto natural, éste se inicia de forma espontánea, sin necesidad de inducción (hormonas sintéticas como epidural u oxitocina sintética) ni intervención obstétrica de ningún tipo, siguiendo sus fases normales de evolución hasta terminar en el alumbramiento y contando en todo momento con un apoyo respetuoso a los deseos de la madre.

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    FASES DE UN PARTO NATURAL

    Saber que el trabajo de parto normal (ya iniciada la fase activa) en una mujer primípara, desde que se inicia con la fase preparto hasta que culmina con el alumbramiento, puede durar entorno a unas doce horas puede ayudarte a vivirlo con mucha más calma y menor ansiedad, y así evitar que el proceso natural de parto te agote.

     

     Existen tres fases de parto principales:

    – La primera se conoce como fase latente o preparto, que abarca desde las primeras contracciones hasta los 4cm de dilatación del cuello uterino, pudiendo durar horas e incluso días.

    – La segunda llamada fase activa en la que se incrementa la frecuencia e intensidad de las contracciones hasta llegar a su nivel máximo culminando con el nacimiento del bebé.

     La última, la fase de alumbramiento en el que la mujer tiene que empujar para expulsar la placenta. En este momento, el parto natural ha terminado empezando el postparto y puerperio.

    PARIR SIN MIEDO

    Es frecuente relacionar el parto a miedo y sobre todo a incertidumbre. 

    En los últimos años, se ha luchado para recuperar el papel de la mujer en el parto, a base de entender que sí tenemos algo que decir en todo ello, y que no se puede convertir en un proceso puramente médico sin pasar antes por lo esencialmente biológico que lleva asociado.

    Parir bien es clave, porque el miedo nos bloquea y nos complica el proceso.

    Los ingredientes base de un parto que avance correctamente, son la comprensión, la empatía, el cuidado y el respeto. Es por todo ello que se necesita mucha confianza, seguridad e intimidad. No se puede entender un momento tan emocional sin trabajar desde las propias emociones de las personas que acompañan. En el momento que el proceso se vuelve mecánico, deja de ser  un parto respetado para convertirse en un simple proceso médico tratado como una enfermedad en las que la prioridad pasa por terminar rápidamente.

    El principal punto de partida siempre es preparar a cada mujer con la información necesaria y que desde ahí pueda elegir libremente qué es lo mejor para ella y su bebé. Parir bien acompañada, es esencial, el miedo bloquea y rompe todo el proceso natural que se desencadena en el cuerpo de forma normal, complicando así el parto.

    De forma natural nuestros cuerpos están preparados para parir, y esto hay que nombrarlo.

    SECUELAS DE UN PARTO TRAUMÁTICO

    Responder a la pregunta de qué se considera un parto traumático resulta muy complejo, ya que el trauma es una experiencia subjetiva, es decir, depende de la persona.

    Las expectativas del parto van a ser de gran relevancia para cómo la persona puede acomodar su idea inicial de parto con el parto real que ha tenido.

    Sabemos que entre los factores de riesgo está el ser mamá primeriza, un parto prematuro, mucha intervención obstétrica, cesárea o cesárea de urgencia, la separación mamá- bebé eliminando el piel con piel o la falta de empatía y el trato humano inadecuado. 

    Quizás una de las claves, sea percibir en algún punto del proceso la sensación de peligro que puede acabar en un trastorno de estrés post-traumático. En este momento vital, la vulnerabilidad de la mujer es máxima.

    Algunos de los recuerdos que ocurren durante el proceso de parto, pueden quedar grabados durante años y hacer que la experiencia se reviva con mucha intensidad, generando angustia y malestar a veces muy difícil de soportar.

    La incomprensión del entorno a estas emociones, especialmente cuando “el bebé está bien”, dificultan todavía más la vivencia y hacen que la persona tienda a evitar el tema o llevarlo en soledad.

    Entre las emociones principales suele haber mucha rabia, con los profesionales y con lo que pasó y mucha irritabilidad generalizada.

    CONSECUENCIAS DE UN PARTO TRAUMÁTICO

    La experiencia de trauma vivida puede desencadenar en dificultades durante la lactancia, en el vínculo con el bebé, en la recuperación física, en la sexualidad de la pareja, conflictos en la relación y cambios en la reproducción.

    Todo lo que ocurre intraparto puede tener un efecto clave y duradero por la carga neurohormonal que lo acompaña y que será necesaria para el inicio la maternidad, de la lactancia, del vínculo y del postparto inmediato y tardío.

    TRABAJO DEL PARTO TRAUMÁTICO

    Poder reparar la experiencia de parto, a través de un buen acompañamiento psicológico posterior puede ser esencial para reconectar con la vida y con la maternidad.

    El trauma queda “encapsulado” en nuestro cerebro por su intensidad emocional, y trata de salir de muchas formas como pesadillas, recuerdos, recuerdos intrusivos “flashbacks”, y en muchas de las vivencias del día a día.

    Acompañarlo, verbalizarlo, darle forma, ayuda a poner en orden aquella película difícil que no podemos mirar completa sin rompernos de dolor.

    No podremos ir al pasado y cambiar nada allí, pero si podemos estar en el presente de la mejor manera y organizar aquello que pasó, colocando el dolor y la rabia en su sitio, sin que lo empañen todo.

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